viernes, 29 de enero de 2010
Joan Garriga. Entrevista sobre Constelaciones Familiares en Pensamiento Positivo de Punto Radio.
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viernes, 22 de enero de 2010
La grieta por donde entra la luz. Joan Garriga en www.inteligenciaemocionalysocial.com

Un estupendo regalo que recibí estas fiestas fue un libro: “Leonard Cohen. Un buscador de la verdad”. En él descubrí un poema tan bello y sencillo como pleno de sabiduría. Nos transmite horizontes de conciencia y de vida difíciles de aprehender en un lenguaje más discursivo. Ahí va:
Los pájaros cantaron
al hacerse de día.
“Empieza de nuevo”,
oí que decían.
No pierdas el tiempo
Pensando en lo que ya pasó
O en lo que aún no ha pasado.
Tañe las campanas que aún pueden repicar,
Olvídate de tu ofrecimiento perfecto;
Todo tiene una grieta:
Así es como entra la luz.
Aprendo que para vivir una vida gozosa y plena ayuda mantenerse en la esperanza de lo posible ahora, en el valor de empezar de nuevo a cada momento, en tañer las campanas que pueden repicar en lugar de empecinarse en las que no, en amar lo imperfecto porque es la naturaleza de lo humano y de lo real y poner en cuestión los ideales internos de lo perfecto o “cómo creemos que deberían de ser las cosas”. Y por último la joya más luminosa del poema: es a través de nuestras grietas, o defectos o heridas por llamarlo con claridad, que potencial y paradójicamente podemos crecer más y más en luz y sabiduría. Sólo requiere nuestra disposición a abrir el corazón y sostener los tránsitos emocionales que correspondan.
Joan Garriga.
Imagen: Rise Like The Sun, de Latyrx, usuario de Flickr
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viernes, 15 de enero de 2010
¿Qué necesito de los demás para ser feliz?
Compartimos con vosotros este interesante artículo de Borja Vilaseca publicado en El País Semanal de este pasado domingo. Aparecen declaraciones de Joan Garriga sobre las relaciones entre padres e hijos.
http://www.elpais.com/articulo/portada/necesito/ser/feliz/elpepusoceps/20100110elpepspor_11/Tes
http://www.elpais.com/articulo/portada/necesito/ser/feliz/elpepusoceps/20100110elpepspor_11/Tes
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jueves, 14 de enero de 2010
Envejecimiento activo y saludable por el Dr. Sergio García Vicente

Envejecimiento activo y saludable
En todo el mundo, la proporción de personas mayores crece más rápidamente que cualquier otro grupo de edad. La esperanza de vida aumenta, llegando actualmente en nuestro país a los 80 años más o menos, lo que significa el envejecimiento global de la población española.
Para un envejecimiento positivo, la sociedad debe proporcionar a los mayores oportunidades para ser independientes, para gozar de buena salud y para ser productivos.
El envejecimiento de la sociedad puede considerarse por un lado un avance y por otro, un gran desafío, pues supone una mayor exigencia social y económica. De todas maneras, lo más importante, el verdadero reto del aumento de la esperanza de vida es la calidad de vida de los mayores, que les va a permitir mantener la actividad y la independencia: cómo vivir los años “extra” y cómo disfrutarlos.
La mayoría de las personas se adapta a los cambios que conlleva el envejecimiento y siguen siendo independientes incluso ya muy mayores. Hasta un 80% de las personas con 70 años mantiene una forma física y mental aceptables que les permite llevar su vida diaria con plena normalidad.
A pesar de ello, la sociedad en general sigue relacionando la vejez y los mayores con la enfermedad, la dependencia y la falta de productividad, en muchas ocasiones haciendo caso omiso de su experiencia y su sabiduría.
¿Qué es el envejecimiento activo?
La mejor definición es la adoptada por la Organización Mundial de la Salud (OMS), que define el “envejecimiento activo” como “el proceso por el que se optimizan las oportunidades de bienestar físico, social y mental durante toda la vida, con el objetivo de ampliar la esperanza de vida saludable, la productividad y la calidad de vida en la vejez”. Esta definición no sólo contempla el envejecimiento desde la atención sanitaria, sino que incorpora todos los factores de las áreas social, económica y cultural que afectan al envejecimiento de las personas.
El envejecimiento activo debe considerarse un objetivo primordial tanto por la sociedad como por los responsables políticos, intentando mejorar la autonomía, la salud y la productividad de los mayores.
La sociedad debe apoyar una “cultura del envejecimiento activo y saludable” que permita que los mayores:
Sufran menos por las discapacidades relacionadas con las enfermedades crónicas.
Necesiten una atención sanitaria y social menor.
No padezcan situaciones de soledad, manteniendo su independencia y una buena calidad de vida.
Sigan participando en el ámbito económico, social, cultural y político, tanto a través de trabajos remunerados como de colaboraciones sin remunerar.
Este apoyo debe proporcionarse en las áreas de sanidad, economía, trabajo, educación, justicia, vivienda y transporte.
¿Qué actividades realizan los mayores?
Las encuestas realizadas para conocer a qué dedican el tiempo los mayores indican que, además del tiempo dedicado a dormir y al cuidado de la salud, unas 12 horas diarias, cerca del 97% ve la televisión, un 71% escucha la radio y no llega al 10% los que se dedican a leer con frecuencia (en esta cifra puede incidir el nivel cultural y los problemas visuales de muchas personas mayores).
El 70% suele pasear e ir a comprar, hasta un 43% realiza alguna actividad turística después de la jubilación y entre un 20% y un 30% aproximadamente, participa en alguna asociación, en actividades culturales, asiste a cursos de manualidades o hace deporte. Pero lo que hay que destacar es que el porcentaje de mayores que querrían realizar estas actividades, sobre todo ejercicio físico, ir a pasear o de compras, acudir a sociedades recreativas o leer el periódico, es aún mayor. Incluso hasta un 40% está interesado en mantener una actividad laboral o transmitir sus conocimientos a personas más jóvenes.
Factores clave para el envejecimiento activo: qué debería hacer la sociedad por y para los mayores
Para lograr una “cultura del envejecimiento activo” es necesaria la interacción de factores tanto de índole sanitario, económico, del entorno físico, personales, conductuales e incluso sociales.
Para el fomento del envejecimiento activo, los sistemas sanitarios y sociales públicos y privados deberían colaborar en la promoción de la salud y la prevención de las enfermedades, estableciendo programas de educación nutricional y de salud bucal y programas de ejercicio para el mantenimiento o recuperación de la movilidad y fuerza.
Estos programas permitirían evitar o reducir las discapacidades físicas y mentales en la vejez y alcanzar así el equilibrio entre el autocuidado de los mayores, el apoyo de los cuidadores "informales" y los cuidados profesionales. Hay que Indicar que a los cuidadores "informales", en su mayoría mujeres, se les debería prestar una atención especial, por el riesgo elevado de que caigan enfermos apoyándoles con formación, asistencia temporal y/o ayudas económicas.
Dentro de los factores económicos inciden los ingresos, el trabajo y la protección social:
Ingresos
Respecto a los ingresos, las personas que más preocupan son aquellas que viven solas, sin hijos ni familiares, pues el riesgo de llegar a la indigencia es mayor.
Asimismo, hay que prestar especial atención a los mayores que viven en el medio rural ya que de entrada sufren un mayor aislamiento que los que viven en un medio urbano.
Terreno laboral
En el terreno laboral, es necesario apoyar la contribución activa y productiva de los mayores, tanto en trabajos remunerados como sin remunerar (el hogar, el cuidado de niños o de otros mayores) y en labores de voluntariado (en colegios, comunidades, organizaciones públicas, museos y empresas, privadas).
Estas actividades mantienen y aumentan sus contactos sociales y su bienestar mental, a la vez que hacen que se sientan reconfortados por su contribución a la sociedad. También se puede apoyar este área con programas de jubilaciones graduales o parciales.
Protección social
Respecto a la protección social, la familia sigue siendo el principal apoyo de los mayores. De todas formas, debido al cambio actual en la estructura familiar por la disminución del número de miembros y por la incorporación de la mujer al mundo laboral, es necesaria una mayor protección pública para evitar la soledad y la mayor vulnerabilidad.
El medio físico
Que el medio físico tenga en cuenta a los mayores puede ser determinante en el hecho de que dichas personas sean dependientes o independientes. Por ejemplo, es más probable que una persona mayor sea física y socialmente activa si puede ir a pasear con seguridad en parques bien iluminados y acceder al transporte local con facilidad.
Las personas mayores que viven en zonas inseguras o contaminadas salen menos de casa y, por tanto, son más propensas al aislamiento y a la depresión, así como a que su estado físico sea peor y tener más problemas de movilidad.
Respecto a las viviendas, una vivienda segura y adecuada es especialmente importante para el bienestar de los mayores. Se podría potenciar el desarrollo de fórmulas alternativas de vivienda, como viviendas compartidas o tuteladas que favorezcan el desarrollo individual y social, evitando a la vez el aislamiento.
La biología, la genética y la capacidad de adaptación
La biología, la genética y la capacidad de adaptación son tres factores fundamentales que determinan cómo envejece una persona.
Los cambios que acompañan al envejecimiento progresan gradualmente y las diferencias individuales son significativas. Por ejemplo, el rendimiento físico de una persona de 70 años de edad que se mantiene en forma puede ser similar al de una persona de 30 años que no se mantiene en forma.
Durante el proceso de envejecimiento capacidades intelectuales como el tiempo de reacción, la velocidad de aprendizaje y la memoria, disminuyen de forma natural. Sin embargo, esto puede compensarse con un incremento de la sabiduría, de los conocimientos y de la experiencia. Es más frecuente que la falta de actividad práctica, la falta de motivación y de confianza, el aislamiento y la depresión, sean causa de la disminución del rendimiento cognitivo que el envejecimiento en sí mismo.
La influencia de los factores genéticos sobre el desarrollo de enfermedades crónicas como la cardiopatía, enfermedad de Alzheimer y ciertos cánceres varía considerablemente de persona a persona. En general, no padecer enfermedades ni discapacidades en la vejez depende por igual, de la herencia, de la conducta personal, de la adaptación a la vida cotidiana y del entorno físico, social y económico. Las personas mayores que se adaptan bien tienden a tener un autocontrol y una actitud positiva y están convencidos de alcanzar sus metas.
Factores conductuales
Sobre los factores conductuales, uno de los mitos sobre el envejecimiento gira sobre la idea de que adoptar un estilo de vida saludable en la vejez es demasiado tarde, pero no es así. Realizar una actividad física adecuada evitando la vida sedentaria, llevar una alimentación sana, no fumar, el consumo prudente de alcohol y el uso correcto de los medicamentos en la vejez, pueden evitar enfermedades y el declive funcional, pueden fomentar las relaciones sociales, prolongan la longevidad y mejoran la calidad de vida.
Factores del entorno social
Respecto a los factores del entorno social, hay que señalar que el apoyo social de familiares, amigos, vecinos o voluntariado, las oportunidades para la educación y el aprendizaje durante toda la vida (y especialmente en la actualidad, en el área de las nuevas tecnologías de la información y de la comunicación) y la protección frente al abuso tanto físico, sexual, psicológico y económico, son fundamentales para mejorar la salud, la independencia y la productividad en la vejez. Evitar la soledad, el aislamiento social, el analfabetismo y la falta de educación y el abuso disminuye enormemente los riesgos de discapacidad y muerte prematura en las personas mayores.
Conclusiones
Los mayores son más vulnerables que el resto de la población, debido a la edad, a las enfermedades crónicas ya las discapacidades que sufren. Por lo tanto, el reto que se debe plantear nuestra sociedad es mantener una vejez activa y saludable en la medida de lo posible y, sobre todo, una calidad de vida aceptable.
Para desarrollar un envejecimiento positivo, la sociedad debe proporcionar a los mayores oportunidades para que puedan ser independientes, para que gocen de buena salud y para que sean productivos. Asimismo es importante que disfruten de una mayor seguridad y comodidad, fomentando el bienestar y creando entornos ambientales más propicios y favorables. Hay que pensar más en capacitar que en discapacitar, considerando a los mayores como participantes y contribuyentes activos de la sociedad.
Es importante detectar lo antes posible la pérdida de autonomía y establecer las medidas necesarias para que las personas mayores mantengan la mayor independencia posible, incluso recurriendo a programas de telemedicina y teleasistencia.
Como razones de peso para fomentar el envejecimiento activo nos encontramos con un menor coste de los servicios sociosanitarios y médicos, una mejora de la interacción social y mejor salud física, mental y psicológica.
Asimismo, una de las medidas que se deben llevar a cabo es la aproximación de los medios de comunicación a los mayores, que proporcione a la sociedad una imagen positiva del envejecimiento activo y saludable y que divulgue y popularice el término “envejecimiento activo” a través de debates políticos, en foros públicos y en los mismos medios de comunicación. Además se debería fomentar la investigación en este campo, implicando a las personas mayores en calidad tanto de asesores como de investigadores.
Dr. Sergio García Vicente , especialista en Medicina Familiar y Comunitaria.
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Entrevista a Joan Garriga en www.concienciasinfronteras.com
http://www.concienciasinfronteras.com/PAGINAS/CONCIENCIA/constelaciones.html
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lunes, 11 de enero de 2010
Decirle “no” al envejecimiento por Mary y Ken Gergen. Publicado en www.taosinstitute.net
La manera en que envejecemos está muy relacionada a nuestras vidas sociales. Como la psicóloga de Harvard, Ellen Langer, propone en su nuevo libro, Counterclockwise (N.del T.: o giro a la izquierda, contrario al sentido de las agujas del reloj) todos somos víctimas potenciales de los estereotipos negativos sobre el envejecimiento y la salud; los aceptamos demasiado a menudo, y esto da forma a nuestros conceptos de nosotros mismos y de nuestro comportamiento. Consideren, por ejemplo, su primera investigación. Para llevarla a cabo Ellen trajo a un viejo hotel de Nueva Inglaterra a un grupo de hombres que estaban en sus 70s y en sus tempranos 80s. Ahí creó una escena de deformación del tiempo: como en una obra teatral, todos los decorados les decían a los hombres que estaban situados 20 años atrás, que era cuando ellos estaban en sus 50s y 60s. Les dieron instrucciones de no recordar el pasado, sino que actuaran como si hubieran viajado hacia atrás en el tiempo. Los resultados de Langer fueron imponentes: después de apenas una semana, los hombres del grupo experimental (comparado con controles de la misma edad) tenían más flexibilidad en sus coyunturas, una creciente destreza, y menos artritis en sus manos. Su agudeza mental se había elevado considerablemente, y habían mejorado su andar y su postura. Las fotografías tomadas a los hombres en el hotel fueron clasificadas por gente extraña a la investigación como de personas significativamente más jóvenes que sus edades reales. En muchos sentidos, habían llegado a ser más jóvenes.
En otro estudio, Langer investigó el impacto de nuestra vestimenta sobre nuestro proceso de envejecimiento. Observó las diferencias entre la gente que usa uniforme en su trabajo, contra los que no lo hacen. Su razonamiento fue que los uniformes enmascaran las edades de los portadores y no les ofrecen señales sobre su edad a otras personas o a ellos mismos. Encontró que los uniformados faltaron pocos días a su trabajo debido a enfermedades o a lesiones, tuvieron pocas visitas a los médicos y hospitalizaciones, y sufrieron pocas enfermedades crónicas.
A pesar de estos resultados no desea que nos despojemos de nuestras viejas minifaldas y pantalones acampanados, pero sugiere que consideremos el contexto y el aspecto en términos de cómo vivimos nuestras vidas. Antes que malgastar nuestro tiempo y vestirnos de acuerdo a los estereotipos de lo que debe hacer una “persona de edad”, debemos aprovechar el tiempo y vestirnos según lo que nos más nos convenga, a pesar del impulso travieso de conformar. Como lo sugerimos a menudo, uno es tan viejo (o joven) como uno actúa.
En otro estudio, Langer investigó el impacto de nuestra vestimenta sobre nuestro proceso de envejecimiento. Observó las diferencias entre la gente que usa uniforme en su trabajo, contra los que no lo hacen. Su razonamiento fue que los uniformes enmascaran las edades de los portadores y no les ofrecen señales sobre su edad a otras personas o a ellos mismos. Encontró que los uniformados faltaron pocos días a su trabajo debido a enfermedades o a lesiones, tuvieron pocas visitas a los médicos y hospitalizaciones, y sufrieron pocas enfermedades crónicas.
A pesar de estos resultados no desea que nos despojemos de nuestras viejas minifaldas y pantalones acampanados, pero sugiere que consideremos el contexto y el aspecto en términos de cómo vivimos nuestras vidas. Antes que malgastar nuestro tiempo y vestirnos de acuerdo a los estereotipos de lo que debe hacer una “persona de edad”, debemos aprovechar el tiempo y vestirnos según lo que nos más nos convenga, a pesar del impulso travieso de conformar. Como lo sugerimos a menudo, uno es tan viejo (o joven) como uno actúa.
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viernes, 8 de enero de 2010

Próximamente!
Atrasa tu reloj
El poder de la posibilidad aplicado a la salud
Ellen J. Langer
Colección Episteme
En el experimento titulado “Un giro contrario a las agujas del reloj”, Ellen J. Langer aisló un grupo de ancianos en una casa durante una semana, y vivieron como si estuvieran en 1959: no podían hablar de ningun evento sucedido después de esa fecha, ni tener fotos posteriores a finales de los cincuenta. Ese retroceso temporal en el entorno conllevó cambios físicos y psicológicos en los hombres, cosa que demostró que las variaciones de factores externos influyen también en la percepción que cada uno tiene de sus capacidades. Los ancianos experimentaron mejoras en la audición, la memoria, la agilidad, el apetito y su bienestar general: fueron capaces de no rendirse a lo que la sociedad espera de ellos, sino a confiar en la posibilidad.
A partir de este experimento, Langer estudia casos cotidianos para ejemplificar el modo en que el entorno influye en el desarrollo de nuestras capacidades. El vocabulario médico y la autoridad de los doctores, las formas complejas con las que definimos nuestra salud corporal… cada factor nos convierte en seres que aceptan los cambios establecidos. Este atrevido libro, que plantea un paradigma tan innovador como el de la psicología de la posibilidad, servirá de referencia para el cambio de mentalidad y actitud de mucha gente.
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