lunes, 11 de enero de 2010

Decirle “no” al envejecimiento por Mary y Ken Gergen. Publicado en www.taosinstitute.net

La manera en que envejecemos está muy relacionada a nuestras vidas sociales. Como la psicóloga de Harvard, Ellen Langer, propone en su nuevo libro, Counterclockwise (N.del T.: o giro a la izquierda, contrario al sentido de las agujas del reloj) todos somos víctimas potenciales de los estereotipos negativos sobre el envejecimiento y la salud; los aceptamos demasiado a menudo, y esto da forma a nuestros conceptos de nosotros mismos y de nuestro comportamiento. Consideren, por ejemplo, su primera investigación. Para llevarla a cabo Ellen trajo a un viejo hotel de Nueva Inglaterra a un grupo de hombres que estaban en sus 70s y en sus tempranos 80s. Ahí creó una escena de deformación del tiempo: como en una obra teatral, todos los decorados les decían a los hombres que estaban situados 20 años atrás, que era cuando ellos estaban en sus 50s y 60s. Les dieron instrucciones de no recordar el pasado, sino que actuaran como si hubieran viajado hacia atrás en el tiempo. Los resultados de Langer fueron imponentes: después de apenas una semana, los hombres del grupo experimental (comparado con controles de la misma edad) tenían más flexibilidad en sus coyunturas, una creciente destreza, y menos artritis en sus manos. Su agudeza mental se había elevado considerablemente, y habían mejorado su andar y su postura. Las fotografías tomadas a los hombres en el hotel fueron clasificadas por gente extraña a la investigación como de personas significativamente más jóvenes que sus edades reales. En muchos sentidos, habían llegado a ser más jóvenes.
En otro estudio, Langer investigó el impacto de nuestra vestimenta sobre nuestro proceso de envejecimiento. Observó las diferencias entre la gente que usa uniforme en su trabajo, contra los que no lo hacen. Su razonamiento fue que los uniformes enmascaran las edades de los portadores y no les ofrecen señales sobre su edad a otras personas o a ellos mismos. Encontró que los uniformados faltaron pocos días a su trabajo debido a enfermedades o a lesiones, tuvieron pocas visitas a los médicos y hospitalizaciones, y sufrieron pocas enfermedades crónicas.
A pesar de estos resultados no desea que nos despojemos de nuestras viejas minifaldas y pantalones acampanados, pero sugiere que consideremos el contexto y el aspecto en términos de cómo vivimos nuestras vidas. Antes que malgastar nuestro tiempo y vestirnos de acuerdo a los estereotipos de lo que debe hacer una “persona de edad”, debemos aprovechar el tiempo y vestirnos según lo que nos más nos convenga, a pesar del impulso travieso de conformar. Como lo sugerimos a menudo, uno es tan viejo (o joven) como uno actúa.

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